Como aquel
que mató y arrancó piel y carne
Y en vasija
de barro volcó la tibia sangre
Y picó las
entrañas y cocinó en las llamas
Y fracturando
el cráneo lo volvió cuenco blanco
Revolvía
con el femur y era el no-yo
(éramos
no-nosotros cocinando)
Y regaló su
cuerpo a los gusanos
Comiéndose
a sí mismo
cielo santo
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