Idiotas tiemblan rió abajo,
y cascadas de sal muelen vergüenzas ajenas.
Nunca creí que tu fueras
la hechicera siniestra de estas tierras.
Las nubes transitan el vacío
dejando tras de sí las huellas;
reminiscencias de un anhelado pasado reciente.
Abruma el aroma de la paja reseca,
llamamiento ruidoso en interferencia,
tras el galope de mis mares atascados,
atestados y amargos,
grisáceos,
bajo la etérea planicie celeste.
Presta atención a tu juego
No sea que alguien patee tu tablero.
Giran en humedad nuestros dados
como trompos en el viento.
La suerte está echada
y nuestro corazón en la garganta.
Fortuna e infortunio cohabitan
en la cueva del inminente desenlace.
El instante eterno en que giran los dados
congelándolo todo:
el bombeo terrible de la cava,
la rítmica inalterable de la aorta.
y cascadas de sal muelen vergüenzas ajenas.
Nunca creí que tu fueras
la hechicera siniestra de estas tierras.
Las nubes transitan el vacío
dejando tras de sí las huellas;
reminiscencias de un anhelado pasado reciente.
Abruma el aroma de la paja reseca,
llamamiento ruidoso en interferencia,
tras el galope de mis mares atascados,
atestados y amargos,
grisáceos,
bajo la etérea planicie celeste.
Presta atención a tu juego
No sea que alguien patee tu tablero.
Giran en humedad nuestros dados
como trompos en el viento.
La suerte está echada
y nuestro corazón en la garganta.
Fortuna e infortunio cohabitan
en la cueva del inminente desenlace.
El instante eterno en que giran los dados
congelándolo todo:
el bombeo terrible de la cava,
la rítmica inalterable de la aorta.
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